Ser lector es un ejercicio de envidia. De deseo frustrante de haber podido escribir lo que has leído. De cabreo por el hecho de que alguien te ha plagiado (a priori) lo que bullía por tu cabeza. A mí, por lo menos, me pasa cada cinco segundos. La última cosa que he leído y que me gustaría haber escrito es este mágnifico relato que, combina la exigencia de algún conocimiento de mitología católica con una pizca de información sobre aventureros y crónicas de viajes. Lo descubrí en microsiervos, aunque su lugar original es ESTE.

El texto se titula “Adán” y es el siguiente:

“Eva, supongo.”

Advertisement